It’s Mine: dos bandas de ladrones e infinitas combinaciones

It’s Mine ya es una realidad tras superar su objetivo inicial en Verkami durante el pasado mes de octubre. En este juego de cartas, dos jugadores se enfrentan en una original batalla como bandas de ladrones. La estrategia se combina con el sistema de drafting y de colección de cartas en la búsqueda de los puntos de victoria.

It's Mine

BARCELONA, ROMA, PARÍS Y LONDRES

Con partidas para dos jugadores que rondan los 25 minutos de duración, It’s Mine ya se encuentra a la venta. ¿Su precio? 19,95 euros. Unai Rubio como autor e Iván Chacón, ilustrador, son los responsables de esta apuesta, editada y distribuida por Mont Tàber.

El objetivo de una banda de ladrones es obtener los mejores botines. En este caso, los dos jugadores compiten en cuatro localizaciones. Mientras que Roma es ideal para estrenarse como ladrón, con sus enfrentamientos violentos, París cuenta con las obras de arte más valiosas.

Por su parte, Londres ofrece la posibilidad de desgastar económicamente al rival y Barcelona permite crear numerosos combos haciendo uso de las cartas de combate. Tras elegir la localización, comienza la batalla, marcada por la carta de eje y con turnos muy estructurados.

Al final de la partida, se procederá al recuento de puntos. Dominar un distrito es tan importante como tener cartas de jefe y de acción que reporten una buena cantidad. Una estratégica combinación de obras de arte también es un elemento clave para la victoria.

Preparación de la partida.
Preparación de la partida.

UNA PARTIDA A IT’S MINE

Preparación

En función del tipo de partida que se quiera llevar a cabo, los jugadores elegirán una localización. Para las primeras partidas es más que recomendable comenzar con Roma. Se toman las cartas con el símbolo de la ciudad elegida y aquéllas sin símbolo. Tras barajarlas, se separan en tres mazos: distrito, jefes y acciones.

El resto de cartas se devuelven a la caja. Para crear el escenario se extraen las tres primeras cartas de distrito y se colocan de forma horizontal, como si se tratase de una barrera entre ambos jugadores.

Es imprescindible que, como mínimo, una de estas cartas tenga símbolo de ciudad y otra ninguno, por lo que se repite el proceso hasta que se cumple esta condición. Una vez colocadas, el resto de cartas de distrito ya no serán necesarias. A su lado, se coloca la carta de eje, que marcará las rondas. Un cubo de madera se utilizará a modo de marcador.

Los mazos de jefe y de acciones, así como las fichas de casino también se dejan al alcance de los participantes. Tras decidir el color de cada jugador (blanco o negro), da comienzo la partida.

Rondas de juego

Tal y como se indica en la carta de eje, el juego empieza con una ronda de jefes. A ésta le seguirá una de acciones y así sucesivamente. En el momento en que finalice la sexta (coincidiendo con el agotamiento de las cartas), se procederá al recuento de puntos. A su vez, una ronda está formada por dos fases: construcción de la mano y juego de turnos.

Durante la construcción de la mano, ambos jugadores robarán del mazo correspondiente tantas cartas como se indiquen en la carta de jefe. En la primera ronda, cada uno robará cuatro cartas del mazo de jefe. A continuación, comienza el llamado juego de turnos. El participante con el color blanco comienza.

En esta fase, colocará una de sus cartas de jefe en uno de los tres distritos, en su lado de la mesa. Hay que tener en cuenta que un distrito no puede contar con más de tres cartas de jefe. Tras esto, el jugador con el color negro pondrá en juego una carta y ambos se intercambiarán la mano.

Este proceso se repetirá hasta que solo tengan dos cartas en la mano. En ese momento, jugarán una y descartarán otra en su lado de la mesa. Así, finalizará la ronda, dando comienzo la siguiente. En la segunda, se robarán seis cartas del mazo de acciones y, comenzando por el jugador de color negro, se colocarán encima de las cartas de jefe.

Al igual que un distrito sólo podía contener tres cartas de jefe, un jefe sólo puede tener encima tres cartas de acción como máximo. También se irán intercambiando las manos y será posible descartar cartas. Cada carta descartada proporcionará una ficha de casino al jugador. Estas fichas son imprescindibles para jugar determinadas cartas, ya que buena parte de ellas tienen un coste a pagar para ponerlas encima de la mesa.

Tanto las cartas de jefe como de acción cuentan con unos símbolos en su parte superior, ya sea para obtener ventajas de forma inmediata o a la hora del recuento. Entre las cartas de jefe y de acciones inmediatas aparecen aquéllas que proporcionan fichas de casino o las que permiten quemar cartas del rival.

Recuento de puntos

La sexta ronda ha llegado a su fin. Se gira la carta de eje para utilizarla como tablero de puntuación. En primer lugar, se contarán los puntos provenientes de las cartas de distrito. Éstas otorgan determinados puntos de victoria y algunas añaden puntos adicionales en función del color o del tipo de las cartas que se posean en dicho distrito.

Sin embargo, sólo irán a parar al jugador que domine dicho distrito, girando la carta hacia él. Para saber qué jugador ha tenido más influencia en él, se cuentan los símbolos de máscaras. Aquél con la mayor cantidad se anotará la recompensa. Este proceso se repetirá con las tres cartas de distrito.

A continuación, llega el turno de contar los puntos obtenidos por las cartas de jefe, seguidos de aquéllos de las cartas de acción.

Por último, se anotarán los provenientes de las obras de arte, sin separarlas por distritos. En algunas cartas, aparecen símbolos, ya sean de antigüedades, de joyas o de pinturas. Una carta otorga un punto, dos cartas son tres puntos y tres cartas siete puntos. Eso sí, las obras deben ser de diferente tipo.

Aquel jugador con la mayor cantidad de puntos se convertirá en el ganador. Ser un auténtico ladrón de guante blanco no es una tarea sencilla y sólo será posible a través de una estratégica combinación de cartas, aprovechando las funciones de cada una.

Ejemplo de partida.
Ejemplo de partida.

SEMEJANZAS CON UN GRAN CLÁSICO

It’s Mine: buen argumento, muy colorido y unas instrucciones muy bien explicadas y repletas de ejemplos. Las primeras impresiones tras ese primer contacto con el juego son positivas. Tras jugarlo un par de partidas, las ideas quedan un poco confusas. Pero, si lo jugamos aún más, podría ser incluso un juego perfecto.

Siguiendo con ese primer contacto, estamos ante un juego con unas ilustraciones más que trabajadas y acordes con la temática. En ellas aparecen lugares emblemáticos de las cuatro localizaciones y genéricos. Todos ellos protagonizados por el humor, a través de la aparición de ladrones.

Por su parte, las cartas de jefe y de acción representan a distintos personajes a los que resultará imposible no cogerles cariño. La elección de una ciudad u otra no solo servirá para cambiar las estrategias, sino para variar su ambientación. Estas cartas, así como las fichas y cubos, se guardan en una caja fácil de transportar.

Sin embargo, este práctico tamaño se contrapone a las cartas enfundadas o guardadas en bolsas. Para los jugadores que acostumbran a enfundar sus juegos, verán que queda un poco justo y que se hace necesario eliminar el separador que se incluye dentro de la caja. Lo mismo ocurre si optamos por dividirlas en bolsas.

Dado que la preparación de una partida puede llevar demasiado tiempo, es conveniente agrupar las cartas en función del símbolo de su ciudad. De esta forma, se ahorrará bastante tiempo, puesto que solo habrá que escoger el paquete y mezclarlo con el resto de cartas. Así, unos cuantos centímetros más de espacio no hubieran venido mal. Tampoco a la carta de eje, utilizada para marcar el transcurso de la partida, así como la puntuación.

Llega la hora de jugar la primera partida. Sus instrucciones están claras y cuentan además con esas páginas dedicadas a los usos de cada carta. Porque cada una tiene su propia utilidad. Su mecánica de juego es muy sencilla de recordar, pero esas primeras competiciones no se libran de tener que consultar el manual una y otra vez. ¿Qué hacía esta carta de distrito? ¿Y esta acción?

Sabemos que los juegos con muchos símbolos que obligan a vivir pegados a las instrucciones pueden llegar a ser un poco odiados. It’s Mine puede parecerlo, pero a partir de la tercera partida apenas será necesario cogerlo. Los símbolos de cada carta tienen unas características comunes y, una vez localizadas, no costará esfuerzo alguno memorizarlos.

Ahora, centrémonos en esa tercera o cuarta partida. En la que ya no cuesta trabajo saber qué significa cada carta. Ya sabemos qué distritos nos merecen la pena controlar y cómo conseguir el máximo número de máscaras a través de combinaciones de colores. Sin embargo, no faltarán todo tipo de preguntas.

¿Me centro en controlar ese distrito u opto por bajar a la mesa los jefes que más puntos de victoria puedan reportarme? ¿Si no coloco esta obra de arte, se la quedará mi rival en el próximo turno? ¿Y si descarto esta acción con la esperanza de recuperarla con la habilidad de ese jefe? ¿Me conviene reunir ahora una buena cantidad de fichas de casino para optar después a esas cartas tan cartas o me gasto todo en esa carta roja que tanto encaja con el uso del jefe del distrito dos?

Estas dudas, a diferencia de las anteriores, estarán presentes siempre. Sin embargo, constituyen el principal atractivo de It’s Mine. Y es que la estrategia está presente en todo momento (a excepción de las cartas que se roban). Tener más o menos fichas, optar por coleccionar máscaras, puntos de victoria u obras de arte o apostar por los combos de cartas y colores son las principales decisiones a las que se enfrentarán los participantes.

Es por ello que el recuento final de puntos es casi tan divertido como el mismo desarrollo del juego. Algunas cartas permitirán realizar acciones en el momento de jugarlas, pero la mayoría son utilizadas para el recuento final. Así, en esas decisiones por tomar resulta imprescindible una mirada siempre hacia el futuro. Y, por supuesto, hacia cada paso que dé el otro jugador.

Todos estos detalles por los que estar pendientes, así como la importancia de cada pequeño símbolo (una carta de distrito puede ofrecer puntos adicionales incluso por cada carta de un color del rival), lo convierten en un juego que encantará a los jugadores ya experimentados. Y esto no es sencillo de conseguir.

Una partida nunca será igual que la anterior, aunque se siga jugando en la misma ciudad. Las combinaciones de cartas para la victoria pueden ser infinitas, aunque su mecánica siga siendo la misma. Esta jugabilidad, basada en el intercambio constante de cartas con el rival y en reunir aquéllas que parecen más adecuadas encima de la mesa, recuerda, nada más y nada menos que a 7 Wonders.

Pero en este caso, tener semejanzas con un gran clásico no es una desventaja. Todo lo contrario. It’s Mine ha sabido adoptar una jugabilidad divertida, adictiva, estratégica y popular, con unas novedades y una temática muy original. ¿El resultado? Un juego de cartas que no dejará indiferente a quienes se animen a conocerlo al detalle y que, sin lugar a dudas, ocupará el espacio que merece en el catálogo de los juegos de mesa nacionales.

¿Roma, París, Londres o Barcelona?
¿Roma, París, Londres o Barcelona?

COMPONENTES IT’S MINE

  • 26 Cartas de Distrito
  • 27 Cartas de Jefe
  • 54 Cartas de Acción
  • Carta de Eje
  • 10 Fichas de Casino
  • 2 Fichas de Jugador
  • 5 Cubos de Madera
  • Instrucciones en Castellano e Inglés