Análisis: The Count Lucanor

Pasillos oscuros. Un niño que se esconde debajo de las mesas para evitar ser atrapado por los funcionarios del castillo. Algunas de sus salas contienen cajas, otras libros. Unas cuantas cuentan con jaulas en su interior. Una palanca por activar acostumbra a ser una buena señal y, un cofre, mejor todavía.

Los jardines son coloridos y reflejan la grandiosidad del lugar. Un cabrero, un comerciante y una bruja aguardan al lado de la enorme fuente de las monedas.

Así es The Count Lucanor (El Conde Lucanor), un juego repleto de misterios y acertijos con el terror y el humor como elementos principales. ¿Por qué sino tendríamos que chantajear a un humano desnudo? ¿O alimentar a un burro a base de manzanas para quedarnos con sus necesidades?

El Conde Lucanor

UNA NOVEDAD EN STEAM

The Count Lucanor es una de las novedades de Steam más esperadas. Esta aventura ya se encuentra a la venta desde hace unos días, en su versión para Windows.

Con motivo de su lanzamiento, cuenta con un descuento de un 15%, pudiendo adquirirse por 8,49 euros. Su precio a partir del 10 de marzo será de 9,99 euros.

Baroque Decay es el equipo responsable tras esta apuesta, que se define como “un estudio indie formado por personas de todo el mundo”. Entre ellos encontramos integrantes españoles y franceses, de ahí que su interfaz y sus textos se encuentren en castellano, en francés y en inglés.

The Count Lucanor analisis

¡QUÉ DURO ES SER POBRE!

La historia comienza con el cumpleaños de Hans. El joven cumple diez años y, lejos de estar alegre por ello, se muestra enfadado. Su padre se ha marchado a la guerra y su madre hace todo lo necesario por mantener el hogar. Ambos viven en la más absoluta pobreza, motivo por el cual no ha tenido regalos. Ni una simple tarta.

Cansado de su situación, Hans decide adentrarse en el bosque, ansioso por encontrar riqueza. Tras despedirse de Babas, su fiel perro, y de su madre, quien le entrega un queso, unas monedas y un bastón como únicas herramientas, parte hacia allí.

Todo parece tranquilo. Algún animal, algún pueblerino necesitado y algunas manzanas bajo los árboles. Tanto que, hasta el pequeño decide cenar (y beber) con un nuevo amigo. Una buena cabezada es lo mejor para bajar la comida, pero, al despertar, todo habrá cambiado.

La paz ha dado lugar al terror. Las cabras se han vuelto asesinas y su dueño ha adelgazado unos kilos… En su misión por sobrevivir, Hans va a parar a un enorme castillo. Allí será recibido por el que se conocerá como “duende azul”.

La criatura invita al joven a superar un reto, que le permitiría obtener una enorme riqueza y convertirse en el siguiente Conde Lucanor. La oportunidad perfecta que andaba buscando. Y la misión parece sencilla: adivinar su nombre. Sin embargo, desde los primeros minutos queda más que claro que no lo será en absoluto.

The Count Lucanor

PUZLES Y SIGILO A PARTES IGUALES

Conviene no desvelar demasiado de The Count Lucanor ni de sus personajes. No es para menos, ya que podríamos definirlo como una auténtica caja de sorpresas de principio a fin, gracias a su buena combinación entre lógica y habilidad.

Si bien es cierto que los acertijos son el principal elemento del juego, no son lo único. Hay que buscar la solución al enigma planteado por el duende azul, recurriendo a la inteligencia, a la exploración, a la orientación y al sigilo.

Dado que no podemos salir del castillo y las habitaciones parecen limitadas, podemos deducir que, con algo de investigación, daremos con el nombre. Pero hay que saber que harán falta determinadas llaves para abrir algunas salas, escondidas dentro de otras. Los pasadizos secretos también son un elemento a tener en cuenta.

En estas dependencias hay cofres y cajas, con pistas, objetos o monedas. También aparecen enemigos en forma de cabras o de la misma muerte, ya sea en estas habitaciones o en los mismos pasillos. Las primeras son rápidas y no se dan por vencidas.

Las segundas criaturas destacan por esa luz roja, con la que consiguen atraer al chiquitín. Más adelante, cuando pensemos que no puede haber nada peor, aparecerán otros aún más extrañas.

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LA IMPORTANCIA DE UN BUEN INVENTARIO

Nuestra vida depende del inventario y de la utilidad que le demos a cada objeto. Algunos los encontraremos por el camino y otros serán un regalo de las almas caritativas que pueblan el castillo. Vayamos por parte.

En la cúspide de la escala de importancia, encontramos los alimentos y las monedas. Los primeros recuperan vida en mayor o menor medida y, si optamos por compartirlos con los demás, por muy hambrientos que estemos, podrían hasta sacarnos de un apuro. Por otro lado, están las monedas.

Con ellas compramos determinados objetos al comerciante, pero su principal función reside en “guardar el alma”. Cada vez que paguemos una moneda de oro a la fuente de las monedas, habremos guardado la partida. Así, lo que al principio puede convertirse en un sistema odiado, puede llegar a ser una de las mayores originalidades de la aventura.

Para aumentar su nivel de dificultad, las monedas son bastante limitadas. En ocasiones, no quedará otro remedio que arriesgar un poco más para guardar la partida más tarde, aún a riesgo de perder toda la vida. En caso de morir, cosa que ocurre con bastante frecuencia dado el gran número de obstáculos, volveremos al punto en el que guardamos la partida por última vez.

¿Y qué más cosas útiles puede contener un inventario? Las pociones o las armas son un elemento común en muchos de ellos, pero no en The Count Lucanor. Lo que sí que encontraremos serán velas (y muchas) con las que marcar los rincones explorados, cazamariposas, muchas llaves, una tabla de madera o un gusano.

De esta forma, sabemos que no existe forma alguna de acabar con los enemigos, más allá de esconderse o salir corriendo. Eso sí, la velocidad no es el punto fuerte de Hans…

UNA HISTORIA SOBRECOGEDORA

La jugabilidad de The Count Lucanor engancha desde el principio. Estamos ante uno de esos juegos que queremos completar en el mismo día y que, en caso de dejarlo para después, no podremos sacarlo de la cabeza. Esconde numerosos secretos. Secretos que se vuelven inolvidables.

Con el paso del tiempo, es posible que olvidemos el nombre del protagonista. El nombre de su perro. El nombre de su madre. No recordaremos qué tenía cada habitación, y probablemente algunos de sus personajes caerán en el olvido (incluidos aquéllos a los que les debemos demasiado).

Sin embargo, habrá escenas inolvidables, ya sea jugadas o en secuencias cinematográficas. Esos ojos. Esa aparición detrás de nuestra espalda. Ese grito en la distancia… A través de una estética pixelada, esta aventura despierta la nostalgia de los jugadores de las décadas de los ochenta y de los noventa.

Y quienes piensen que el terror no es posible entre los píxeles están equivocados. No se necesita de un enorme realismo para provocar auténticas pesadillas. Si a esto le sumamos una banda sonora que parece proceder de los rincones más terroríficos del planeta, el resultado es espectacular.

No tenemos duda de que The Count Lucanor gustará a los aficionados a los juegos de puzles y de exploración de mazmorras. En ocasiones podemos estancarnos, pero recapacitando durante unos segundos y pensando en las pistas encontradas, hallaremos rápidamente el camino a seguir. También es una oportunidad perfecta para engancharse al género y que también podría entretener, y mucho, a los que prefieren apostar por otros.

¿Y qué pasa si ya conozco a sus personajes? Los que ya conozcan la obra de El Conde Lucanor disfrutarán con esta adaptación. Y, aunque crean saber la respuesta a ese enigma central planteado, hacer encajar todas las piezas no será sencillo. Los peligros son múltiples y el pobre Hans pierde vida cada vez que pisa una trampa o es descubierto.

Para los que no conozcan El Conde Lucanor, servirá como aproximación y, probablemente, quieran saber más sobre sus cuentos tras terminar el juego. Juego que, por cierto, tiene más vida de la que puede parecer a simple vista.

En este tipo de aventuras, la duración varía mucho en función de la habilidad del jugador. Así, podemos completarla en alrededor de cinco horas (si sabemos muy bien qué hacer) o en ocho (si somos algo más lentos). En comparación con su precio, nos sale rentable.

Con todo ello, The Count Lucanor bien podría incluirse en cualquier listado de videojuegos que hay que jugar al menos una vez en la vida. Su perfecta combinación entre terror y humor, puzles y sigilo y comunicación y exploración lo convierten en un título de culto, original y diferente.

Baroque Decay consigue, con él, impresionar al jugador. Hacerle pensar, razonar. Le hace sentir miedo, reir. Le abstrae del mundo con el único objetivo de completar la historia. The Count Lucanor es una de las últimas joyas en incorporarse a Steam. No podía ser menos, ya que es una impecable narración en las manos del propio jugador.