Pajarracos: una caja pequeña repleta de posibilidades

Pajarracos

Es su día de suerte. Hace tiempo que no encontraba frutales tan apetitosos. ¡Menudo aroma desprenden! Está indeciso entre desayunar una gran naranja o un buen racimo de uvas, aunque pensándolo bien, ¿no es eso de allí una impresionante cereza? ¿O son tres?

Se dirige hasta la zona lo más rápido posible. La primera ha estado impresionante. Casi lo mejor que ha probado en su vida. Dispuesto a volver a disfrutar de esa experiencia, aparece ese siniestro ser de sombrero de paja, camisa a cuadros y peto vaquero (hay leyendas horribles sobre él en el mundo de las aves). ¿Por qué le gustará tanto aparecer en los momentos más inoportunos? Así es Pajarracos, un nuevo juego de cartas.

 

PAJARRACOS Y LA COMPETICIÓN POR LOS PUNTOS

Pajarracos es un juego de cartas de 3 a 6 jugadores, con partidas de 5 a 10 minutos. Recomendado para mayores de 6 años, lo firma Paco Yánez (Oilfield, Zampa la Granja). Sus ilustraciones son obra de Pablo Tomás (7 Pecados, El Portero Baldomero, Zampa la Granja).

Será el 7 de febrero cuando se convierta en una realidad, de la mano de Zacatrus! Con un precio de 8 euros, la editorial vuelve a apostar por un juego familiar, a disfrutar con los más pequeños de la casa. En esta ocasión, compiten por conseguir la mayor cantidad de puntos.

Pajarracos
Componentes de juego.

Todos ellos tratarán de crear los más vistosos frutales. Ante tal panorama, los cuervos no tardan en hacer su aparición, dispuestos a comer como si no hubiera un mañana. Los espantapájaros son el aliado perfecto a modo de protección, de respuesta o de contraataque, con la constante toma de decisiones que crean.

 

PAJARRACOS: UNA PARTIDA

Se barajan todas las cartas y se reparten cinco a cada jugador. Tras dejar el mazo al alcance de todos, comienza la partida. En su turno, el participante realizará una acción, a escoger entre cuatro. Finaliza con el robo de cartas, hasta volver a tener cinco.

1. Bajar frutas a la mesa.

Puede bajar una o varias frutas a su lado de la mesa, siempre que sean del mismo tipo. Es decir, puede jugar tres naranjas en ese mismo turno, pero no dos naranjas y un plátano. Las cartas se organizan en frutales, de tal forma que estén colocadas por tipos de fruta.

Las cartas especiales suelen jugarse sobre los frutales de otros, puesto que atraen a un cuervo que esté en juego. En caso de que no haya ninguno, pueden situarse en los frutales propios, como una fruta normal.

Pajarracos
Los apetitosos frutales.

2. Atacar con pajarracos.

El jugador puede utilizar todos los pajarracos que quiera para situarlos sobre los frutales de los rivales (sólo uno por frutal). Mientras que el cuervo simple se come una fruta al final de cada turno, el doble se come todas las que compusieran el frutal en un mismo turno. Tras descartar la última carta de fruta, el pájaro también se va al montón de descartes.

3. Defenderse con espantapájaros.

Se pueden jugar tantas cartas de espantapájaros como se quiera, ya sea a modo de protección o para espantar a un pajarraco. Con la primera opción, la carta se sitúa sobre un frutal propio o del rival. Ya no llegarán más cuervos allí, aunque tampoco podrán añadirse más frutas.

Al espantar a un pájaro, se descartan ambas cartas o se manda al cuervo al frutal de otro jugador (descartando únicamente la carta de espantapájaros). Sólo si se ha escogido descartar las dos cartas, podrá realizarse una acción adicional, a escoger entre bajar frutas, atacar o cambiar de mano.

Pajarracos
Los pajarracos haciendo de las suyas.

4. Cambiar de mano.

El jugador se descarta tantas cartas de la mano como desee.

La partida finaliza al haberse jugado todas las cartas de la mano, tras agotarse el mazo. Se cuentan los puntos. Cada participante suma un punto por cada fruta que tenga en su zona y otro por cada carta que componga su frutal más grande. El ganador será quien tenga la mayor puntuación.

 

PAJARRACOS: CONCLUSIONES

Pajarracos es un juego de caja pequeña, que esconde mucho más de lo que parece a simple vista. Sus opciones van más allá de crear enormes frutales y de alejarlos de las aves. Prueba de ello es que la mayor parte de las cartas puedan jugarse en una zona propia o del rival.

Queda claro que no es muy conveniente añadir cinco deliciosas manzanas al área del rival, ¿pero por qué no proteger uno de sus frutales en lugar de un propio? ¿Y si atraemos hacia nosotros a su pesado pájaro? Un par de partidas serán suficientes para darse cuenta de las numerosas posibilidades que ofrece.

Pajarracos
Los espantapájaros y sus distintas posibilidades.

Su estética y sus sencillas reglas, de comprender y de ejecutar, lo convierten en una apuesta que funciona a las mil maravillas con niños. Esas opciones estratégicas les introducirán en el mundo de los juegos de mesa más complejos, a la par que harán las delicias de los adultos ya habituales.

Si bien es cierto que el robo aleatorio de cartas influirá en la competición, el éxito o el fracaso estará determinado por la toma de decisiones correcta o incorrecta. La opción de proteger o no un frutal es sólo el principio.

En ocasiones, querremos colocar un espantapájaros en un frutal propio para que no pueda ser atacado. Valoraremos el riesgo y las cartas de ese tipo que ya han aparecido, no vaya a ser que después robemos cartas que no podamos ya añadir. Situarlo sobre un frutal del rival tampoco es mala opción. Sobre todo si se compone de una o dos cartas, no pudiendo añadir más.

Jugar cartas especiales sobre otro participante nos eliminará nuestros cuervos. Si preferimos jugarla en un frutal propio, podríamos mover a ese pájaro que ocupa el naranjo del rival. Así, habrá espacio para colocarle, posteriormente, a los gemelos letales.

Pajarracos
Las aves, enamoradas de esas frutas especiales.

El descarte tampoco es mala opción y no debe verse como una pérdida del turno. Apostar por cartas de una misma fruta suele dar mejores resultados que por cartas distintas, no sólo porque se ganan turnos, sino porque reportan más puntos (mejor si los gemelos ya no están). No impacientarse ni jugar cartas de una en una también resulta clave para la victoria.

Pajarracos permite realizar jugadas perfectas, con la satisfacción que conllevan. A cambio, quizás nos ganemos un par de enemigos. La interacción entre participantes es máxima, por lo que las venganzas están a la orden del día.

Aunque en su manual no se especifique, no es difícil aplicarle nuevas mecánicas. Podemos simplificarlo evitando jugar cartas “buenas” sobre los rivales y “malas” en la propia zona de juego o variar la competiciones respetando su esencia. El juego por equipos es sólo un ejemplo.

Fácil de transportar y sin nada de aire en la caja, su precio es acorde a sus componentes. Debe tenerse en cuenta que si queremos enfundar sus cartas, deberemos quitar el bonito inserto. Sus cartas no son extremadamente gruesas, por lo que es recomendable si vamos a darle bastante uso.

Pajarracos
El ganador será quien sume más puntos.

En definitiva, Pajarracos es un juego de cartas sencillo, rápido, adictivo y lleno de sorpresas. Puede acompañarnos en las tardes fuera de casa, como un entretenimiento en sí mismo, o entre juegos más largos.

No olvidemos que, si se encuentran esas posibilidades estratégicas a ejecutar (y si los competidores también las aplican), estaremos ante un título que se aleja por completo del catálogo de juegos infantiles. Es, por tanto, un nuevo acierto por parte de Zacatrus!, sello que no se aleja de la originalidad de la que se caracterizan sus propuestas.

 

COMPONENTES DE JUEGO

  • 10 Cartas de Espantapájaros
  • 8 Cartas de Pajarraco
  • 2 Cartas de Gemelos Pajarracos
  • 8 Cartas de Plátano
  • 8 Cartas de Naranja
  • 8 Cartas de Uva
  • 8 Cartas de Cereza
  • 8 Cartas de Manzana
  • 5 Cartas de Fruta Especial
  • Instrucciones (castellano e inglés)

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