La subasta de Hashiban es un juego de cartas inmerso en una campaña de búsqueda de financiación en Verkami. La trama transcurre en una taberna con un sótano. Allí, tienen lugar subastas clandestinas por parte de los trasgos.
¿CÓMO SE JUEGA A LA SUBASTA DE HASHIBAN?
La subasta de Hashiban necesita recaudar 3.000 euros para convertirse en una realidad. Su llegada está prevista para el mes de junio. Tiene un precio de 15 euros mientras dure la campaña. La recompensa incluye el juego, una mención en la sección de agradecimientos, un set de pegatinas y los gastos de envío a España.
Incrementado esta cantidad, sumamos camisetas, una copia adicional, láminas, una figura en tres dimensiones o la opción de aparecer como trasgo en una carta de mercader. Estamos ante un proyecto familiar de Tiranik Games, creado por Gonzalo y Javier Alonso. De las ilustraciones se encarga María Alonso.
Como su propio nombre ya adelanta, es un juego de subastas en un mundo de fantasía. Nos sentamos en la mesa del sótano oscuro que esconde la taberna más apacible del reino de Hashiban. Allí, intentaremos hacernos con las antigüedades más valiosas. Pasan por armas, pócimas, plantas, runas y por todo tipo de utensilios.
Para ello, tiraremos billetes a la mesa. A ser posible, mientras planeamos la forma de hundir financieramente a los demás. Mediante el humor, la estrategia y unas reglas sencillas, las negociaciones, los faroles y los engaños forman parte de la experiencia.
Sus creadores adelantan que cada carta será única. Consta de 117 cartas, divididas entre mercaderes, billetes (incluyendo el dorado), acciones y objetos. La preparación de cada partida es aleatoria, garantizando la rejugabilidad. Cada jugador recibe tres mercaderes, un objeto y cinco billetes. Todas las cartas quedarán ocultas ante los rivales.
Ganará la primera persona que tenga a sus tres mercaderes revelados sobre la mesa. Para sacar un mercader, necesitamos contar con sus tres objetos predilectos. ¿Y cómo conseguimos los objetos? Pues a través de las subastas de cada turno. Concretamente, siendo el participante que esté dispuesto a dar más dinero. Si nadie puja por un determinado objeto, el jugador en turno se lleva una carta de billete del mazo.
Como parte del turno, podremos sacar a subasta un lote de objetos (uno o varios), estableciendo un precio inicial. Si nadie lo quiere, perdemos esos objetos a cambio de un billete del mazo por cada objeto. Entre los objetos encontramos armas, pensadas para eliminar a un jugador de una ronda de subasta.
Durante el reto, también podremos arriesgarnos a ganar más dinero. Jugaremos cinco cartas de billetes de 1.000 para revelar otros cinco billetes del mazo. Nos quedaremos los billetes emparejados y el billete dorado, si es que hace su aparición. Evidentemente, tendremos mucho que ganar, pero también mucho que perder.
Revelar un mercader de la mano, descartando sus tres objetos, está dentro de las posibilidades, como ya hemos visto. Desde ese momento, cada vez que aparezca ese tipo de objeto, nos llevamos un billete de la pila. Las acciones sobre el mercader son otra forma de generar ingresos. Al aparecer la acción, pujamos por ella. Nos permitirá obtener un billete por cada objeto que aparezca perteneciente al mercader público (se revela uno con cada subasta).
La competición se completará con una lista de canciones grabadas por los creadores. Está pensada para 2, 3 y 4 jugadores, desde los 8 años. Tiene una duración de 30 a 90 minutos.





