Entre finales de 2026 y principios de 2027, Arrakis Games publicará Bella Vista en castellano. Es un juego de mesa con una llamativa estética. No es para menos, puesto que su caja esconde un cajón en el que guardar edificios en tres dimensiones.
LA JUGABILIDAD DE BELLA VISTA
Bella Vista es un juego de mesa de Bruno Cathala y Andrea Mainini, ilustrado por Cyrille Bertin y Léa Menard. Puede jugarse entre 2 y 4 personas, desde los 10 años. Las partidas tienen una duración de 30 a 45 minutos.
Se presenta como una vistosa propuesta familiar en la que participar en la construcción de una ciudad. Los jugadores son constructores, en busca del mayor beneficio económico. Cada uno dispondrá de un set de edificios, numerados del 1 al 8. El 1 es el más bajo, aunque el más ancho, mientras que el 8 es el más alto, pero el más estrecho.
Los edificios son idénticos para todos, a excepción del color. Repartimos un set de cartas a cada participante, diferenciado también por el color. Creamos el escenario. Podremos elegir la configuración inicial o la que queramos, siempre que cumplamos con la reglas básicas. Al final del reglamento, aparecen ejemplos de ciudades reales como Nueva York, Londres, París o Bangkok.
Las reglas son muy sencillas. Durante el turno, pagaremos monedas en función de la posición en la que prefiramos jugar. Ser el inicial cuesta 6 monedas, el segundo 3 y el tercero, 1. Para la última posición, no pagamos monedas. Colocamos la carta que queramos en la posición elegida, bocabajo.
Cuando todos hayan jugado carta, se revelan. Las ejecutamos en orden, empezando por la del jugador que ha pagado más monedas. Le permite colocar el edificio mostrado en su carta en un lugar del escenario. Lo hará fijándose en las restricciones que el Ayuntamiento marca al principio de cada ronda. Por tanto, en cada ronda habrá obligatoriedades o prohibiciones. Por ejemplo, podría estar prohibido construir al lado del río.

La posición importa. Si el edificio no tiene ningún otro edificio adyacente, obtiene tres monedas. En caso de que ya hubiera adyacentes, recibe una moneda por cada edificio con una altura más baja. Si el suyo es el edificio más alto de todos los colindantes, obtiene una bonificación extra de tres monedas.
Atenderemos, además, a los contratos visibles. Son comunes para todos. El más rápido en completar los requisitos de uno se lo lleva, con su bonificación en monedas. Por tanto, el orden de turno es también importante para llevárnoslos.
La partida tiene una duración de ocho rondas. Al terminar, cada jugador habrá colocado todos sus edificios, creándose un espectacular escenario de 32 estructuras llenas de color. Existen objetivos de final de partida, establecidos al empezar, que otorgan más dinero. Lo harán por posiciones o por alturas, entre otras características.
Como ya hemos visto, no sólo brilla en mesa, sino al recogerse. Dentro de la caja se abre un cajón para guardar los edificios organizados por colores. Están ya montados, evitando que haya que armarlos y desarmarlos al final de cada partida. En el fondo del cajón aparece el número del edificio para que no tengamos problemas en la colocación.
Con todo ello, estamos ante una propuesta familiar, pero repleta de toma de decisiones. La gestión del dinero se antoja esencial, así como de las cartas. ¿Nos guardaremos los edificios más altos para el final o los iremos colocando? Cada edificio influye no sólo en los que nos quedan, sino en las construcciones de los oponentes.
El espacio es cada vez más limitado. Sumado a las restricciones del Ayuntamiento, las cosas no tardarán en ponerse feas. Como curiosidad, a 2 jugadores utilizamos dos sets de edificios, pero sólo puntuamos por uno. A 3 jugadores, también iremos poniendo los del color neutral, por lo que siempre estarán los 32 en juego.
Foto: Start2Game (BGG).





